Redacción AFP. Una caravana migrante avanzaba el viernes 21 de agosto de 2026 por el sur de México: su destino es la capital mexicana y no Estados Unidos (EEUU), de donde muchos fueron deportados.
Ante las duras políticas migratorias del presidente estadounidense Donald Trump, estos contingentes renuncian a cruzar ilegalmente y ahora buscan oportunidades de trabajo en alguna ciudad grande o una localidad del norte de México.
«Me quiero acercar a la frontera con Estados Unidos para estar cerca de ahí, pues allá dejé todo, familia, carro, todo», relató a periodistas el cubano Frank Martínez, quien en mayo fue deportado tras vivir 26 años en Arizona, donde trabajaba en construcción.
Explicó que un amigo de Ciudad de México le ofrece un mejor trabajo. Dejó Tapachula, donde apenas le pagan para comprar la comida del día.
«Quiero regresar» a Estados Unidos, «pero voy a esperar a que salga él (Trump)», dijo.
Deportados
La hondureña Angélica Alberto enfrenta una situación semejante pues fue deportada tras vivir 27 años en California, donde dejó seis hijos con su expareja.
«Por mis bebés voy para arriba», dijo la mujer, «a Baja California», donde además está «el amor de mi vida», un mexicano que también fue deportado.
José Luis Guerrero es un venezolano que ha sido deportado en dos oportunidades: en diciembre de 2025 y ahora, el 2 de agosto pasado.
«Volví a entrar por mi familia, que la tengo allá, y me volvieron a deportar», dijo al señalar que, «por ahora», no intentará regresar a Estados Unidos.
Busca llegar a Ciudad de México para regularizarse y encontrar un trabajo.
El tránsito de migrantes ha caído drásticamente en a la segunda presidencia de Trump, que a golpe de amenazas arancelarias exige a México un mayor control de sus fronteras.
Según cifras de julio pasado del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, las detenciones de migrantes por parte de la patrulla fronteriza cayeron un 94% en el segundo mandato de Trump.


